GAME Aventura Solidaria 2008
Comentarios por: Juan Antonio Saez - Organiazacion: Toouareg4x4.com
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Video en alta calidad en la sección de .
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Alguien dijo alguna vez que los viajes son una perdida incomoda de dinero y tiempo, y yo agradezco no compartir y casi no comprender esa frase…
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Salimos a las 6:00. Nos esperaban más de 1200 Kilómetros y los partes meteorológicos no eran muy favorables. Hasta llegar a Tarifa los paisajes eran familiares para todos. Al llegar al puerto nos confirmaron que nuestro ferry estaba cancelado, hasta que mejoraran las condiciones climatológicas, como todos desde el día anterior y compartimos espera con más de 100 coches, mientras nos llegaban noticias de varios barcos que habían encallado o naufragado en el estrecho debido a olas de más de 6 metros.
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Cruzar el estrecho fue el primer choque con otra cultura. El transportar los coches hasta la otra orilla, en si, no lleva más de 30 minutos, pero el empezar a comprender otra cultura, otro país, otro continente y pasar la aduana puede llevar mucho más tiempo. La organización de las autoridades marroquíes, o mejor dicho, la ausencia de esta, puede costar horas desde que el barco arriba, hasta que cruzas la aduana. A alguno de nosotros nos costo aprender la palabra mágica en este país: “Paciencia”. Después de hacer entender a los agentes fronterizos que las cajas que transportábamos eran regalos para los niños del desierto y no mercancía ilegal, y de colaborar con sus complementos salariales, tomamos la autovía dirección Rabat para llegar a Fez a las 03:00 de la madrugada hora local.
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Día 2: por la mañana visitamos la medina de Fez. Para alguien que nunca ha estado en una ciudad árabe es difícil creer lo que ve. A tan pocos kilómetros físicos de tu mundo y a tanta distancia. Las medinas son como un laberinto de calles, gentes, olores, colores y sabores, cuya misión es separarte de todas las reglas conocidas y que creías universales. Serían muchas las pinceladas que habría que facilitar para captar cualquier rincón de aquella ciudad a la que uno parece llegar en una máquina del tiempo. Para llegar a Erfoud, destino de esta etapa, teníamos que atravesar el Atlas. Nos detuvimos en la ciudad de Iframe, también conocida como “la pequeña Suiza”. El contraste con las vastas llanuras secas, los valles repletos de palmeras y el descuidado entorno percibido hasta ahora, nos llamó poderosamente la atención. En un corto espacio pasamos a estar rodeados de cedros, cumbres con pistas de ski, casas al estilo suizo de pronunciados tejados y monos que comían de nuestra mano y nos robaban las botellas de agua.
Entre nubes, relámpagos y vadeando algún que otro río a los que la tormenta animaba a cortar carreteras y anegar las calles de pueblos enteros, por fin llegamos al hotel Xaluca de Erfoud.
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Día 3: comenzaba de verdad la aventura. La carretera dejo paso a pistas, las pistas a las roderas y estas a la pantalla del ordenador que nos guiaba hacia la dirección correcta. Este fue el día más complicado por la dificultad técnica de la ruta. A esto hay que sumar que las lluvias habían desbordado todos los ríos y habían llenado de agua todos los pasos secos durante el resto del año. Tuvimos que vadear todos los que se encontraban en nuestro camino y en el lugar que el rutómetro marcaba un río, había siete brazos distintos. La meta era el oasis Oubira en el interior del Erg Chevi. Después de pistas, jamadas, ríos, subidas y bajadas trialeras, llegamos al río que nos separaba de la parte del desierto de dunas. El desierto de arena es impresionante, primero te hipnotiza con sus formas y después te desorienta con la cadencia repetitiva de sus formas. Llegamos al oasis con algún que otro contratiempo, siempre solucionado por la organización y por la buena disposición del grupo. Cenamos, charlamos, bebimos y dormimos a los pies de una duna de más de 200 metros de altura, en pequeñas jaimas.
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Día 4: uno de los días más emocionantes del viaje. Después de atravesar el desierto de arena, nos dirigimos a entregar la primera parte de la ayuda a la asociación El Khamlia
El recibimiento que nos hicieron los niños y sus caras ilusionadas fue sin lugar a dudas lo mejor de este viaje. Las emociones que nos generaban sus ojos y sus sonrisas compensaban con creces el cansancio del camino y te hacían reflexionar y valorar todo lo que para nosotros es básico. Nos ofrecieron un té, que amenizaron con sus bailes y canciones típicos. Terminamos ese día inolvidable en el hotel Kasbah Tombouctou, donde tuvimos que realizar alguna reparación de emergencia en algún coche.
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Día 5: rumbo al el segundo objetivo humanitario de nuestro viaje. Nos dirigimos al punto más al sur de nuestra ruta. Las lluvias habían hecho crecer todos los ríos del camino, y después de cruzar varios y llegar a uno con arriesgada complicación, decidimos no seguir avanzando, ya que las crecidas podían comprometer el regreso por aquella misma pista. Nos pusimos en contacto con Hamid, responsable del Centro MHamid ingraham, que nos aconsejó dejar la ayuda en casa de un amigo que tenía en el pueblo más cercano. Su amigo militar y varios habitantes del pueblo nos agradecieron la ayuda abriéndonos las puertas de sus casas y ofreciéndonos el tradicional té y unas riquísimas pastas. Una hospitalidad sincera que es sagrada en este país de contrastes. Antes de tocar fin en esa jornada que se encontraba en Boulmina Dades, atravesamos las gargantas del Todra. Otro paisaje espectacular en un país que se estaba mostrando sorprendente en su variedad. La estrecha garganta hacia parecer más altas y majestuosas sus paredes. El río que llevaba siglos esculpiendo la roca, se había llevado trozos de la estrecha carretera, haciendo algunos tramos bastante complicados.
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Día 6: Después de dormir en el Xaluca Dades, emprendimos el camino de regreso a casa. Esa noche teníamos que dormir en Marrakech. En el camino pasamos por Ouazzazate y a los lados de la carretera podían verse alguno de los estudios cinematográficos. La parada obligatoria fue la Kasbah Ait Ben Haddou. La impresionante ciudad de barro se levantaba en la ladera de un monte a la orilla de un río. Esta imponente obra arquitectónica fue elegida para rodar exteriores de la película Gladiator, (es más, incluso llegamos a conocer a un extra de la película que nos permitió posar con sus armas de atrezzo por el módico precio de 1 €).
Para llegar a Marrakech atravesamos el Atlas. Tuvimos suerte de no encontrar nieve. La ruta entre los picos del Atlas también fue una aventura con tramos que discurrían entre estrechos desfiladeros y profundos barrancos. Llegamos extenuados a Marrakech, pero algunos tuvimos fuerzas para visitar su famosa plaza y los puestos nocturnos para cenar unos típicos pinchos morunos.
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Día 7: Por la mañana antes de partir nos dimos una vuelta por la plaza y la medina. Inolvidable también. Ya en camino, cubrimos la ruta Marrakech – Tánger. Aunque mejoró notablemente la carretera, fue más peligroso el tráfico, y después de algún incidente llegamos a Tánger.
Fue una de las cenas más divertidas del viaje. Todos estábamos cansados pero muy satisfechos del viaje. Ya sólo nos faltaba un día para dormir en casa y las fuerzas estaban justas. Todo el grupo demostró desde el primer día buen humor, mucha disposición y ganas de colaborar, de arrimar el hombro en todos los obstáculos que nos puso el camino.
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Día 8: Lo pasamos bostezando cada uno en su coche, comentando anécdotas, intercambiado impresiones y soñando con cenar algo que no fuera Tagine de poulet...
Hay viajes en los que no tienes tiempo de pensar, ni de sacudirte todos los lazos, obligaciones y preocupaciones de lo que crees tu vida, este no fue uno de esos. Al cambiar la sensación de espacio y tiempo cambia tu propia percepción, yo llegue a preguntarme quien soy de verdad, el de allí o el de aquí.
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